Iniciativas de caridad en el desamorado siglo XX PDF Imprimir Correo electrónico
lunes, 18 febrero 2008


 

La segunda parte de la Encíclica de Benedicto XVI sobre el amor es una refutación del desencantado “no es posible el amor”, extendido por el mundo como un oleoso pesimismo tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial. “El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en práctica porque hemos sido creados a imagen de Dios” (Enc. Deus Charitas est, n. 39).Desde la Revolución Francesa, los Estados modernos reclamaron para sí el monopolio de la asistencia social. En Francia, el rigor revolucionario llevó a expulsar a las órdenes religiosas de hospitales, escuelas, asilos y orfanatos sin poder reemplazar su atención al ciudadano por nada, hasta muchas décadas más tarde.La necesidad social ha empujado a los gobiernos –especialmente en Europa- a ocuparse de trazar una red de servicios que abarcan desde la atención sanitaria hasta el sostenimiento de las clases pasivas. Todo ello desembocó en el Estado del Bienestar que la democracia europea consideró su mejor logro y que lleva ya algunos años en quiebra. El motivo, lo apunta delicadamente el Papa: “El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal” (Deus Caritas est, n. 28, b)A veces perseguida y casi siempre ignorada, la Iglesia continuó, a pesar de todo, socorriendo a los necesitados. La retícula social, por muy programada que quisiera estar, dejaba muchísimos frentes desatendidos. Más que con grandilocuentes programas ha sido la discreta y capilar organización asistencial realizada desde parroquias y monasterios la que ha hecho posible la presencia. Por citar una institución, la Orden de Malta –cuyo origen hay que datarlo en el siglo XI-, con 12000 miembros, 80000 voluntarios y 11000 empleados, socorre a víctimas de conflictos armados, catástrofes naturales, tiene servicios de socorro y cuerpos de ambulancias, hospitales, centros médicos y programas sanitarios, instituciones para discapacitados, para ancianos, para niños y adolescentes, para personas “sin techo” y toxicodependientes, programas de ayuda en caso de emergencia humanitaria y atención de refugiados, desplazados y exiliados. Perdido el carácter militar de la orden matriz (los Caballeros de S. Juan del Hospital u Hospitalarios), la Orden de Malta se vuelca en actividades asistenciales casi desde las mismas fechas que la Cruz Roja, aunque con menos publicidad.A su esmero habría que añadir la actividad menuda y continuada de Cáritas, con una enorme cantidad de recursos bien gestionados y honradamente administrados a favor de los desfavorecidos (Cáritas española gestionó 164 millones de € en 2004, el 60% de los cuales provinieron de donantes privados). Caritas Internationalis cuenta por su parte con 126 organismos de Cáritas nacionales integrados en su organización. Hay que mencionar también el trabajo de las instituciones alemanas Misereor o Adveniat nacidas a su estela. La Hora de los Pobres, fundada en 1942 en Francia por Raúl Follereau no sólo ha conseguido cambiar la vida de los leprosos, sino también la legislación de bastantes Estados que los aislaban y olvidaban. La publicación de la Rerum Novarum en 1891, dio como el pistoletazo de salida a múltiples iniciativas que no buscaban sólo solucionar los graves problemas de la cuestión social ni sumarse a la simple promoción de los habitantes de los sótanos de la sociedad postindustrial, sino ejercitar la caridad cristiana. El marxismo, que colonizará muchas mentes en este desdichado siglo, llegará a culpar al cristianismo de connivencia con los opresores, al predicar una resignación que, según esta ideología, “frena así el potencial revolucionario” (Deus Charitas est, n. 31, b). Pero, como advierte el Papa, esta filosofía inhumana, que sacrifica a Moloch un posible futuro ―nunca alcanzado―, persigue y pone bajo sospecha la acción presente y eficaz del hombre a favor del hombre.La Iglesia, muy especialmente con la llamada al compromiso de León XIII, hace presentes a sus hijos en todos los campos de la actividad social. Sin detenernos en la actividad netamente política, el desamparo de los débiles frente a la voracidad del capital y a Estados funcionariales cada vez más deshumanizados, dio paso también a las Cajas de Ahorro, los Montes de Piedad, los Círculos de Obreros y muchas propuestas de cooperativismo, corporativismo, periodismo y sindicalismo agrario, profesional y obrero.Al terminar la segunda Guerra Mundial, aparece en escena un gigante de la caridad: el Padre Tocino. Werenfried van Straaten, premostratense holandés, se percató de la tragedia que se añadía a la de la misma contienda: el rencor de los antiguos países ocupados (Holanda y Bélgica) hacia el ahora vencido ocupante (Alemania). Había que restañar las heridas del odio. Comenzó tratando de proporcional ayuda a los tres mil sacerdotes y cerca de dieciséis millones de refugiados alemanes y de otros países del Este sometidos al comunismo.La tarea del Padre Tocino ―como se le apodó cariñosamente, pues una de sus campañas consistía en enviar a la humillada Alemania lonchas de tocino― fue extendiendo, y de los camiones-capilla y las Biblias de bolsillo se pasó a una vasta organización que ahora está asociada a la Santa sede y es conocida mundialmente como Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN).  El final de este malhadado siglo XX ha presenciado el milagro de amor de la Madre Teresa de Calcuta y su generosa dedicación a los “más pobres de los pobres”. Su estímulo tampoco se ciñó a dar sino a darse, centrando su esfuerzo en la oración contemplativa que le permitiera descubrir el rostro de Cristo en cada ser humano sufriente. Su ejemplo se ha extendido no sólo al Tercer Mundo sino también al que acertadamente llamó Juan Pablo II el olvidado Cuarto Mundo, el submundo marginal de los países desarrollados. Beatificada en 2003, Madre Teresa dejó tras sí una extensa red de colaboradores, más de 3000 religiosas Misioneras de la Caridad y cerca de 300 casas en 30 países distintos.Como recordó el Card. Hummes, Arzobispo de Sao Paulo y delegado de la Santa Sede ante la ONU, “el 12% de quienes atienden pacientes de SIDA son organismos de la Iglesia Católica, y el 13% de la ayuda mundial a los afectados por la epidemia proviene de Ong católicas”.El total señala, nada menos, que la cuarta parte de las victimas mundiales del SIDA son atendidas por ayuda –humana o económica- proporcionada por la Iglesia Católica, además del gran esfuerzo que pone en la prevención. Como señalaba el médico y sacerdote francés Jacques Saudeau del Pontificio Consejo para la Familia, en un artículo publicado hace seis años en L’Osservatore Romano, “El papel que la Iglesia Católica ha desempeñado en la prevención del SIDA en el África subsahariana es importante. En Uganda, Tanzania y Nigeria se han formado grupos de jóvenes promovidos por religiosos, sacerdotes y laicos católicos, que se dedican a la lucha contra el SIDA. Algunos de estos grupos llevan el significativo nombre de Youth Alive o Youth for Life, y en ellos los jóvenes se comprometen a luchar contra el SIDA, comenzando por sí mismos y buscando la adhesión de sus compañeros de escuela, por medio de la continencia sexual hasta el matrimonio (...) El caso de Uganda es ejemplar. En un estudio presentado por la agencia de la ONU que se dedica a la lucha contra el SIDA, observa que entre 1989 y 1995 ha disminuido en un 10% la fuerza de la epidemia. La encuesta atribuye el hecho a que ha aumentado el uso del preservativo, pero también señala otro factor, que a nosotros nos parece de mayor importancia: el cambio de actitud de los jóvenes, que han empezado a retrasar su primera relación sexual, difiriéndola al matrimonio (…). Este es el mensaje de la Iglesia (...) no es ciertamente un modelo fácil, pero es algo plenamente humano, basado en la fe y la esperanza y no sobre el reparto de un trozo de látex”.Sin ruido ni propaganda, las organizaciones asistenciales católicas gestionan en África una vasta red de iniciativas que llegan hasta los más pobres, alejados y olvidados. Ese es el amor posible.

Última actualización ( lunes, 18 febrero 2008 )

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