La plaga de la pobreza PDF Imprimir Correo electrónico
domingo, 25 noviembre 2007
Casi 10 millones de niños menores de 5 años mueren cada año por enfermedades prevenibles, denunciaba el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas...

«La comunidad mundial parece haber perdido el enfoque de la necesidad de asegurar el derecho a la asistencia sanitaria básica para todos», añadía.El arzobispo Migliore pedía una mayor atención a estos estados, y el impulso de más inversiones y la creación de un clima económico y social favorable, junto con el establecimiento de la paz, la seguridad y el imperio de la ley.La trampa de la pobrezaPaul Collier, un profesor de economía de la Universidad de Oxford, presentaba un análisis de por qué muchos países pobres no logran desarrollarse.Un grupo de naciones concentradas en África y Asia Central, que suman cerca de mil millones de la población mundial, parecen enfrentarse a problemas insuperables en sus intentos por lograr el crecimiento económico. La respuesta, sostiene Collier, no es, desafortunadamente, tan simple como darles más dinero. De hecho, con algunas excepciones, las ayudas no han hecho bien en estos países y el cambio debe venir sobre todo desde dentro.Collier reconocía que las diversas trampas en las que caen estos países, que contribuyen a que sigan siendo pobres.-- La trampa del conflicto. Casi el 73% de las personas que viven en estas sociedades han pasado por una guerra civil o están todavía en una. Las guerras civiles no sólo son sangrientas y económicamente destructivas, sino que también tienden a durar más que los conflictos internacionales.-- La trampa de los recursos naturales. Muchos países que logran exportar recursos naturales fallan a la hora de desarrollar otros sectores de sus economías y tienden a experimentar ciclos de expansión y contracción, conforme fluctúan los precios de estas exportaciones. De igual forma, el dinero fácil de las exportaciones, especialmente en el caso del petróleo, tiende a fomentar la corrupción y a inflar el sector público.-- La trampa de estar encerrado tras malos vecinos. Un país sin acceso directo al mar se enfrenta a mayores costes de importación y exportación. Si además de este factor los países vecinos tienen una pobre infraestructura de transportes, o están en medio de conflictos, los costes pronto se disparan.-- La trampa de un mal gobierno en un pequeño país. Un mal gobierno y una política económica errónea pronto destruyen una economía. Collier observa que muchos de los políticos y altos funcionarios viven una vida de privilegios y riquezas, inmunes a la pobreza y al caos que sus políticas inflingen al resto de la población.Está lejos de ser fácil encontrar los remedios que superen estas trampas. Collier sugería diversas medidas, que van desde mayores esfuerzos internacionales para poner fin a los conflictos y a las guerras civiles a esfuerzos renovados contra la corrupción y la adopción de sanas políticas económicas. El establecimiento del imperio de la ley y una mayor transparencia de los gobiernos, además de reformas en la forma en que se administran las ayudas, están entre sus recomendaciones.Una tarea moralLa lucha contra la pobreza es un deber moral, indicaba el arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la oficina de Naciones Unidas de Ginebra, en la sesión del 4 de julio del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas.En algunas regiones de África y Asia, la esperanza de vida es casi la mitad de la de un país rico y el analfabetismo alcanza niveles altos, apuntaba.Observaba que las mejoras buscadas a través de la ayuda y la cancelación de la deuda externa no han logrado todos los resultados esperados. El arzobispo sugería que una mayor concentración en proyectos que creen puestos de trabajo sería una forma de reducir la pobreza. «El trabajo es la única posibilidad para una comunidad de generar su propio valor añadido que pague sus salida de la pobreza», afirmaba.

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